La cuestión del reconocimiento de la personalidad jurídica a los animales no humanos

La humanidad ha realizado ya algunos avances morales que el Derecho ha institucionalizado, tales como la abolición de la esclavitud humana, la consagración de derechos fundamentales y universales de los humanos, el progreso en el camino hacia la emancipación de la mujer, o el reconocimiento de los d...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Londoño Grisales, Diana
Tipo de recurso: tesis de maestría
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2016
País:Colombia
Institución:Universidad Tecnológica de Pereira
Repositorio:Repositorio Institucional UTP
Idioma:español
OAI Identifier:oai:repositorio.utp.edu.co:11059/6898
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/11059/6898
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Protección de animales
Conservación de la naturaleza
Animales - Conservación
Conservación de la vida salvaje
Descripción
Sumario:La humanidad ha realizado ya algunos avances morales que el Derecho ha institucionalizado, tales como la abolición de la esclavitud humana, la consagración de derechos fundamentales y universales de los humanos, el progreso en el camino hacia la emancipación de la mujer, o el reconocimiento de los derechos indígenas y de las minorías étnicas, entre otros. Aunque en la práctica aún se configuren múltiples prácticas en contra de los derechos humanos, al menos teóricamente se encuentra aceptado el respeto hacia los humanos y el reconocimiento de cada uno como fin en sí mismo. Sin embargo, en pleno siglo XXI, no ocurre todavía lo mismo en el caso de los animales no humanos sintientes. Aún de manera general estos seres siguen siendo sometidos al arbitrio humano como meros recursos para su beneficio, sacrificándoles sus mínimos intereses, como el de la vida, el de no padecer sufrimientos y el de no ser considerados como objetos. Prueba de lo anterior son los millones de animales no humanos que diariamente son sacrificados y/o explotados en el mundo por las industrias y granjas cárnicas, peleteras, lácteas y avícolas, en los laboratorios, centros zoonóticos, y criaderos de perros y gatos, y en negocios y prácticas dirigidas al entretenimiento humano, como los zoológicos o el toreo. Las anteriores prácticas, al menos en Colombia, están plenamente legalizadas.